
Dormir es borrar la energía,
llevarla livianamente a callar.
Comenzar el viaje y llevar la magia cargando a la espalda.
No importa, tengo muchas cosas infinitas en qué pensar.
En los sueños coincido contigo,
con aquel cielo y sus aves incendiarias que sólo se reducen a polvo.
Polvo que llevan los pájaros hacia sus nidos.
Imagínate naciendo en la flor,
poco a poco irá falleciendo su color
hasta dejar al aire desarmado.
En estas situaciones sólo lo que se percibe es real.
Tú y yo, somos diferentes.
Nuestros caminos están separados,
la distancia de tu piel a mi piel
está retrasada por un día y medio
y continúa redondo el tiempo,
va rodando amenazadoramente queriendo aplastarnos.
Otra vez ese humo gris en el espejo que no me deja verte,
por más que te empeñes en querer ocultar esa locura,
tu comportamiento buscará el momento de hacerte resbalar y
te dejará caer a la inmensidad del abismo.
Es necesario hincharte la cabeza de recuerdos para
poder quebrar tu ausencia en llanto.